Primeros muestreos en trigo de secano
Arrancamos con doce parcelas de trigo de secano repartidas entre la campiña y el páramo. El protocolo era sencillo: tres puntos por hectárea, profundidades de 0 a 15 y de 15 a 30 cm, y conservación en frío hasta el procesado. Aquel primer año sirvió sobre todo para comprobar que el transporte de muestras desde fincas alejadas del laboratorio condicionaba los recuentos microbianos más de lo que esperábamos.